domingo, 19 de mayo de 2013

CAPÍTULO 4


CAPÍTULO 4 - horas de sueño y de camino a la sorpresa

Apagué EL móvil, no quería nada de nadie. Estuve mirando un rato por la ventana, se veían unas piscinas enormes a lo lejos. Era bonito.
Al rato apareció Dani, el médico con el que estuve hablando, el primero de todos.
-Hola Elia – se sentó en una de las sillas, habían dos- ¿cómo estás?- preguntó.
-Hola- dije después de girarme para mirarlo- Pues, no se.
-¿Cómo es eso?- preguntó algo extrañado.
-Pues estaba mejor, pero he hablado con mi hermana y se que voy a estar sola. –Dije mirando al suelo y yendo hacia la cama para ponerme cómoda.
-Bueno… Yo estaré aquí- se quedó callado- aunque no creo que te sirva de mucho- se encogió de hombros. -¿sabes? Tenemos una conversación pendiente.
-Yo te digo porqué mi vida es una mierda y tu se lo dices al médico que me ha pesado que si no tengo que hacerlo dos veces.
-Como quieras- dijo escuchando. Nos quedamos los dos callados. –Cuando quieras- dijo haciendo que empezara a hablar.
-Pues, no tengo a nadie. No tengo a nadie que quiera estar conmigo. En el instituto estoy con mis “amigas” y las comillas son porque en verdad no son mis amigas. –Callé y tragué saliva- Voy con ellas por encajar. No me hacen ni caso, intento encajar pero no es así. No me dicen nada y si es algo lo hacen metiéndose conmigo. Si, tengo una amiga, se llama Samm y vive en Valencia. No la he visto nunca- eso me dolió. –Bueno ¿qué más? Hay más cosas pero ¿te basta?- pregunté no quería hablar más.
-Si hay más sigue. –Dijo serio y como siempre apuntando.
-Pues mi mejor amigo… - cerré los ojos, fuerte y respiré hondo.- murió. Lo atropellaron y… yo estaba delante- en ese momento empecé a llorar, mucho, como nunca.  Su familia me culpa y yo también.- Fui al baño y me lavé la cara. Al salir aún estaba allí.  –Lo hecho de menos y es que yo no puedo- al hablar de él me sentía más débil y esta vez me estaba mareando. – Yo los chicos. One Directiosn vivo por ellos y por Samm, pero a Samm la conocí gracias a ellos, así que básicamente por ellos. Si desaparecieran, me moriría, y yo es broma. –Me sentía mareada, muy mareada. –No puedo vivir sin mi mejor amigo. Sin él todo va mal. Todo el mundo me trata mal, pero no es por la gente sino por él. No tengo a alguien con quién- me sentía mal y me tumbé, los ojos se me cerraban solos. –con quien estar y abrazar, hablar y reír. Reír, lo hecho de menos. –Dicho esto cerré los ojos y me hundí en mi sueño.


Desperté, y me puse a pensar en los chicos. Desde que estoy enamorada de esos cinco chicos, mi vida se ha ido hundiendo poco a poco más. Desde que estoy pendiente de ellos, todo ha ido a peor. Simplemente, tengo que intentar no saber nada de ellos. Me decía cosas de estas una y otra vez mirando una revista que me había traído la enfermera, Franci. La misma de siempre.

De pronto abrí los ojos y me encontraba en el hospital, ¿había sido un sueño?
Abrí los ojos y los cerré una y otra vez.
-¡Elia!- Dijo feliz Franci, la enfermera. No entendía porque tanta felicidad. -¿estás bien? –preguntó cogiéndome la mano.
-M… supongo –dije confusa- solo he dormido un poco…-Dije mirando a mi alrededor. Aunque ella me miraba preocupada
-Pues si que tenías sueño porque has dormido unos días. Hoy es 22, si estás bien te vamos a dar el alta y puedes ir a casa de tu hermana.  
-¿Qué?- ¿Cómo era eso posible? Había dormido más que nunca. La verdad es que me encontraba bien, muy descansada y nada débil. Como si me acabara de dar uno de los mejores baños del mundo. –Pues yo estoy muy bien.
-Bueno, pues hoy te pesamos, te medimos, y a las seis te vas, si quieres te llevo a casa de tu hermana. –Dijo haciéndome sentir bien.
-De acuerdo. –Dije mirando por la ventana.
-Pues va vamos, te esperan- me guiñó el ojo e intentó ayudarme a levantar.
-Puedo sola- dije para que no se molestara. Estaba estupendamente. Solo tenía que olvidarlos, olvidarme de los chicos, de mis chicos.

Llegamos a una de esas salas, la mima que el día que llegué, pero esta vez Franci estaba conmigo.
-¿Qué hora es?- pregunté antes de entrar.
-Las tres y diez- dijo abriendo la puerta y sonriendo, como siempre.
-Hola Elia- dijo el médico, era el mismo que vio los cortes y esta vez los volvería a ver, me daba vergüenza, pero no me arrepentía. Además esta vez también los vería Franci y eso no me hacía mucha gracia.
-Hola -dije mirándolo.
-Vamos quítate la ropa. –Dicho esto miré el suelo. Suspiré y me bajé los pantalones. Poco a poco, me dolían esas heridas. Despues la camiseta quedándome así en ropa interior. Solo pensaba en ver a mi hermana. Después me subí a la báscula y él miró el número. Lo miré.
-40, has disminuido. –No he comido, he dormido durante una semana. Entiéndelo- le dije
-M está bien, entonces, te damos el alta por la noche, comes algo y luego vuelves. –Dijo mirando los apuntes que tenía.
Me vestí y salimos de allí. Fuimos al comedor juntas. Siempre me acompañaba y eso me gustaba, me hacía sentir mejor, hacía que no me sintiera sola. Me puso en frente un plato de fideos y luego carne con patatas. Yo no comía tanto. Así que para comer estuve como tres horas. Mientras comía hablaba con Franci, sobre su vida, ya que era bastante mejor que la mía. Resulta que tenía novio, y se llamaba Liam, como uno se mis niños. No, mis niños no, ya no lo eran.
Después de comer volví a vomitar. Pero no vomité tanto como creía porque había comido mucho. A las siete volví a esa extraña sala, donde me pesaba, con una comida había engordado un poco lo que hacía que a las ocho me dieran el alta y pudiera dirigirme a casa de mi hermana. Recogí las pocas cosas que tenía.
Fui acompañada de Franci a un despacho, donde estaba él, mi médico, Dani.
-Elia- me saludó- ¿contenta?
-Aha- asentí- quiero ver a mi hermana.
-Bueno pues mira, esto te lo tienes que llevar- dijo dándome una carpeta llena de papeles.
-Está bien- cogí la carpeta.
-Tendrás que ir a una revisión semanal, es decir cada semana tienen que pesarte medirte, etc. ¿está bien?
-M vale, pero... ¿Tendré que venir a Barcelona cada semana?
-No no hace falta- rió- Si pasa algo y quieres venir si, o si es importante si, pero si no, al hospital más cercano, das este papel- me dio una cartulina negra- te harán la revisión.
-Vale.
-Pues esto es todo, ahora ¿A dónde irás?
-Pues a casa de mi hermana. Estoy mucho por Barcelona y ya se me esto. –Dije refiriéndome a la ciudad.
-Muy bien, pues espero no verte eh – me guiñó el ojo y me dio un pequeño abrazo.
Salimos de allí, yo junto a Franci.
-Franci si quieres puedo ir sola, no te preocupes- le dije.
-Oh no es nada, bueno como quieras.
-A mi me da igual, pero no te preocupes por mi, estaré bien.
-Está bien, entonces me quedo aquí, ¿vale?
-Si, espero verte pronto, muchas gracias por todo- dije abrazándola.
-De nada, suerte con todo. – Me dijo. Le di un beso en la mejilla y salí. Me metí en un taxi que había aparcado fuera, bueno en verdad habían como cinco o seis.
-Hola- dije- a la Rambla, por favor. – Dije.
- Claro- dijo el taxista. Arrancó el coche y yo miraba por la ventana. A los diez minutos más o menos llegamos. Le pagué y salí. Me daba vergüenza presentarme en casa de mi hermana, pero tarde o temprano tenía que hacerlo. Subí y llamé a la puerta pero no había nadie. “Perfecto” pensé irónicamente. Bajé y me fui a dar un paseo, me apetecía ver eso. Era de noche como las doce. Mi hermana no tardaría mucho en llegar. Vivía con una amiga suya, Alba.

 Me fui a dar una vuelta caminé por calles y calles y estaba cansada así que decidí volver a ver si ya había llegado. Subí las escaleras, lentamente a causa de mi cansancio. Al llegar volví a llamar a la puerta. Se oía música. Así que había alguien. Volví a llamar esta vez más fuerte. Intenté abrir con el picaporte y estaba abierta así que entré en la casa. Dejé el bolso en el sofá y a carpeta en la mesa que había en frente. Fui en busca de mi hermana. La música salía de la habitación de Ann “genial está con un chico” pensé otra vez, irónicamente. Pensaba en olvidarme a los chicos, en ese momento intentaba odiarlos, quería odiarlos para que no me gustaran. Toqué a la puerta del cuarto de mi hermana y ella salió en ropa interior.
-¡Elia!- dijo con los ojos enormemente abiertos. No me esperaba. -¿qué haces aquí?- preguntó aun sin saber que hacer.
- Ven te lo cuento. – la abracé y sentí como una lágrima salía de mis ojos pero la sequé. –Bueno o sigue con quién estés…
- Ahora vengo- dijo preocupada.
Yo fui al comedor. Y me senté en el sofá. A los pocos minutos apareció con una camiseta grande puesta, me sonaba. La había visto en algún sitio pero no era suya. 

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