CAPÍTULO
3. SOLA
Me volví
a quedar dormida. La verdad es que el viaje no era muy largo, todo lo contrario
era muy corto, puede que demasiado. La enfermera estaba a mi lado por si me
pasaba algo. No tenía sueño pero estaba muy débil, me sentía impotente, y eso
hacía que durmiendo me sintiera bien.
-Elia-
oí un susurro, pero lo suficiente como para asustarme. –Ya hemos llegado,
vamos, el hospital te espera- Se levantó y me ayudó a levantarme.
-Tengo
miedo ¿sabes? –Era así, si, estaría One Direction en la misma ciudad que yo,
pero sin embargo, tenía miedo. Estaba hospitalizada. Tenía miedo a sentirme
sola, simplemente porque volvía a no tener a nadie.
-No
tengas miedo, ¿vale?, yo estaré aquí, y si no soy yo es otra enfermera. Siempre
estarán a tu disposición. –Dijo sonriente y transmitiéndome tranquilidad. Lo único
malo es que a esta tía no se le iba la sonrisa de la cara. Si fuera modelo,
pues lo entendería, pero es enfermera. ¿Cómo le diría a alguien que alguien ha
fallecido con esa sonrisa? Era un poco irónico. Me llevó en taxi hasta el
hospital. Esperamos unos diez minutos, y un médico me hizo entrar con él a una
sala para hablar.
-Hola
Elia, soy Dani, desde hoy tu médico. –Dijo ayudándome a sentar en la silla.
-Hola-
dije tímida.
-¿cómo
te encuentras?-preguntó.
-Me
siento algo rara, pero supongo que es normal. – Dije mirando el techo.
-Y dime,
¿desde cuándo te pasa esto?- preguntó refiriédose a los vómitos.
-Pues
desde principios de este cuerso más o menos.
-Y más
o menos, ¿cuántas veces vomitas al día?
-Pues
aproximadamente- me paré y pensé- Bueno, depende de lo que comas.
-¿Tardas
mucho en comerte un plato de sopa por ejemplo?- preguntó. La verdad me estaba
hartando de esto un poco pero tenía que hacerlo.
-Pues
más o menos, bastante, una hora mínimo. –Dije algo avergnzada mientras él
apuntaba cosas en papeles.
-¿Dime
Elia, hay algo que te preocupa?, ¿hay algo que haga que estés incómoda,
nerviosa, inquieta?- preguntó mirando los papeles
-Pues
demasiadas cosas. Son muy largas ya se las contaré otro día, prefiero no hablar
de esto.
-Como
quieras, si algún día me lo dices- se paró, ninguno hablaba- Bueno la última
cosa y te vas que te esperan. ¿Qué tal tu autoestima? Al decir esta pregunta se
me cayó el mundo encima.
-Sinceramente
la peor que te podrías encontrar.
-Lo
suso- dijo seguro de si mismo.
-¿Lo
dudas? No hay nada de mi que me guste.
-Bueno,
ya hablaremos de estos dos temas en otro momento, tienen que hacerte unas
pruebas, tu enfermera te llevara, ¿vale?
-Está
bien, adiós.
-Hasta
luego Elia- se despidió.
Vino mi
enfermera. LA verdad era bastante mona. Era pelirroja y eso me gustaba. Bueno
mejor dicho pelinaranja. Tenía el pelo
cortito y rizado pero lo llevaba más largo de un lado que de otro. Llevaba
gafas muy parecidas a las mías. Siempre que la había visto iba con el uniforme
ese blanco o azul, pero por lo que me decía parecía moderna, independiente, me
encantaba. Estaba delgada y no era muy alta, un poco más que yo, pero yo no era
para tirar cohetes, creo que no llego a los 1’60. Se llamaba Franci o algo así, nunca me lo había dicho y la
etiqueta era difícil de leer. Bueno, tampoco me fijaba mucho, solo a verces,
cuando me acordaba.
Ella me
acompañó a otra sala, donde había otro doctor, y la enfermera se fue.
-Hola-
miró su papel- Elia. ¿Cómo te encuentras?- preguntó.
-Rara,
pero mejor- dije mirando todos esos aparatos que había.
- A
ver, Elia, ahora tienes que quitarte el pijama, tienes que quedarte simplemente
en ropa interior, ¿vale?
-No
puedo- Dije pensando en ellas. Todas esas cicatrices de cortes. Heridas y
cortes que tenía por la cadera, por la barriga, las piernas.
-Vamos
no pasa nada, tienes que hacerlo, tarde o temprano vas a tener que hacerlo, créeme,
es mejor pronto.
-No
puedo. –volví a negarme.
-¿Qué
escondes?- Dijo pícaramente para relajarme un poco. Entonces fue cunado me bajé
los pantalones y me los quité. Me quité la camisa quedándome así en ropa
interior.
-Esto
escondo- dije señalando todas esas cicatrices. Él simplemente las miraba no decía
nada.
-Elia
¿qué te ha pasado? ¿eso te lo has hecho tu?- no dije nada simplemente asentí. –Pff,
no puedes hacerte eso a ti misma. Bueno, ahora sube a la báscula después ya
veremos que hacemos con esto- señaló algunas de las cicatrices visibles.
Subía a
la báscula y él apuntó mi peso en una hoja.
-¿Cuánto
peso? – pregunté. Por una vez me interesaba.
- 41
kilos, pesas muy poco, hay que hacer algo. Tiene que haber algo que te haga
comer y no vomitar.
-Pues
si lo hay yo aún no lo conozco. –Me encogí de hombros.
-Bueno
ahora sube aquí que te mido. –asentí con la cabeza e hice lo que me dijo.
-1’57
dijo a la vez que lo apuntaba. Bueno ya te puedes vestir. Esta tarde te vendré
a ver, ¿vale?
-Está
bien, adiós. –me despedí. Al salir de allí vi a la enfermera y me llevo a la
que sería mi habitación. –Es chula, bueno mejor que la de antes- dije al
entrar.
-Espero
que estés mejor. – Dijo ayudándome a acomodarme y luego me pincho para así
conectarme al suero.
-¿Puedo
llamar a mi hermana? –Pregunté.-Quiero saber si tiene exámenes, no quiero
molestarla o preocuparla ahora si está en exámenes.
-Cómo quieras,
pero creo que debería saberlo- Dijo ella. –Bueno en unos minutos vuelvo, ¿vale?
-Aha-
asentí.
Llamé a
mi hermana, me apetecía hablar con ella.
-¿hola?-
contestó
-Ann,
soy Elia.
-¿Como
estás?
-Pues
como siempre-mentí- ¿y tú?
-Bien,
ahora esta semana tengo exámenes y algo estresada. – contestó.
-Uish,
entonces ya hablaremos cuando puedas, ¿vale?
-Como
quieras, por mi mejor- oí como sonreía.
-Entonces
ya hablamos, ¿vale? El miércoles te llamo.
-Perfecto.
Adiós Ann, te quiero.
-Y yo
enana.
Colgué.
Definitivamente no tenia a nadie. O eso creía yo.
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